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Confianza




Para aprender a hacer dormir a los bebés nos leemos 5 libros y probamos 4 métodos basados ​​en evidencias empíricas. Un sensor instalado en nuestro pecho nos indica si nuestro entrenamiento ha sido satisfactorio. Los relojes nos anuncian si hemos descansado bien y una aplicación nos calcula si nuestra alimentación es o no equilibrada.


Mientras todo este conjunto de datos y recursos tecnológicos se desarrolla, nosotros estamos dejando de dedicar tiempo a autobservarnos y a conectar con nosotros. Igualmente estamos dejando de interpelarnos, de recurrir a nuestra experiencia y de dialogar con nuestro sentido común. Ya no escuchamos a nuestra intuición y nos cuesta poner en marcha nuestro pensamiento crítico. Es decir, estamos dejando de construir confianza en nosotros, en los demás y en la vida que nos sustenta.


Estamos dejando de construir confianza en nosotros, en los demás y en la vida que nos sustenta.

Mi abuela y mi madre me ponían la mano en la frente para saber si tenía fiebre. En función de su intuición me ponían bajo la ducha, me hacían friegas con "Vicks VaporRub" o me llevaban al médico. Ambas confiaban en su experiencia, en el conocimiento heredado, en la observación tranquila y constante y, sobre todo, en su intuición. El proceso las transformaba, crecían y se hacían más sabias. Confiaban porque no tenían alternativa y al hacerlo se abrían a una conexión con la vida diferente, sin especular y sin condiciones.


Hoy en día hemos decidido no tener tiempo para conectar con nosotros y discernir, para observar con calma, para compartir, para preguntar y confiar en los que antes han pasado por lo mismo. No dedicamos tiempo a todos estos procesos tan humanos y como consecuencia nuestra confianza se ha desvanecido.


Hemos externalizado la confianza. De ser un proceso endógeno esencial para vivir con bienestar, la hemos convertido en un proceso exógeno que nos lleva a la ansiedad. Tanto es así que cuando ha venido una pandemia que nos ha sumido en la incertidumbre más absoluta, nos hemos sentido perdidos y perdidas sin capacidad para confiar en nosotros, en los demás y en la vida.


Ya no confiamos en nosotros, confiamos en unos datos que, en la mayoría de casos, no llegan ni a la categoría de información. Confiamos en una información que tampoco llega a la categoría de conocimiento y hacemos lo mismo con un conocimiento que tampoco es en ningún caso sabiduría. En la sabiduría hay presencia, conexión y verdad. Hay confianza incondicional y sentido común. La sabiduría es atemporal, está dentro de nosotros. Es la luz al servicio de la que podemos hacer un buen uso de los datos y el conocimiento. Renunciar a la sabiduría es vivir a oscuras.



Hemos externalizado la confianza. De ser un proceso endógeno esencial para vivir con bienestar, la hemos convertido en un proceso exógeno que nos lleva a la ansiedad.


Actualmente hemos sustituido la confianza en mayúsculas por una falsa confianza que se alimenta de datos y, cuando éstos no son favorables, nos hundimos en un mar de incertidumbre y nos sentimos desamparadas y desamparados.


La pandemia nos da una oportunidad perfecta para reencontrarnos con la confianza verdadera. La que está en nosotros y no fuera de nosotros. En la que podemos descansar y animarnos a trascender las dificultades que nos esperan. La pandemia nos ha sumerjido en la incertidumbre constante y, igual que mi abuela y mi madre en su momento, no nos deja otra opción: tenemos que empezar a confiar en nosotros, en nuestra sabiduría interior, en la de los demás y en la de la vida.


Y en cuanto a la tecnología y a los millones de datos que esta nos brinda, bienvenidos sean. Solo hay que vigilar si nosotros estamos a su servicio - perdiendo conexión, presencia, confianza e intuición - o si son los datos los que están al nuestro.

Os animo a hacer el siguiente ejercicio. En primer lugar, haced una lista con todos los motivos que tenéis para confiar en vosotros mismos. En segundo lugar, haced una lista de todos los motivos que tenéis para confiar en vuestra red personal de apoyo. En tercer lugar, haced una lista de los motivos que tenéis para confiar en la vida. En esta Vida en mayúsculas tremendamente inteligente, amable y compasiva.


Cuando os sintáis con desconfianza y desesperanza, recuperad la lista, vividla, agradecedla y abriros a confiar. Tenemos motivos de sobra para hacerlo.





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