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Eres docente?



1- ¿Eres docente?


Si tu respuesta es que NO, no te escaquees pensando que esto de educar no va contigo. Tu manera de estar en el mundo impacta cada día en todos y cada uno de los niños y jóvenes con los que interactúas. Te guste o no siempre estás educando, por acción o por omisión.


Si tu respuesta es que , ¡enhorabuena! Tienes la mejor profesión del mundo. Esto significa que tienes un propósito elevado, el desarrollo humano de los niños y jóvenes que atiendes a través de los contenidos y vivencias que les propones. Cada día inspiras a decenas de alumnos. Todo un privilegio, toda una responsabilidad.


2- ¿Gestionas cada día cosas como estas?


Evaluar por competencias, enseñar por proyectos, educar de manera inclusiva sin los recursos adecuados, montar un circo a tres pistas porque resulta que el alumnado se aburre, las tic y las tac, alumnado de Infantil cada vez más inmaduro , formaciones, más formaciones, adecuaciones curriculares por un tanto por ciento de alumnos cada vez más elevado, etc


Si tu respuesta es que NO, has contestado mal la primera pregunta, no eres docente. No pasa nada, recuerda no te escaquees.


Si tu respuesta es que SÍ, nuevamente ¡enhorabuena! Lo que haces cada día es complicado y requiere mucho coraje, flexibilidad, apertura de mente, motivación y confianza en ti mismo, en tu escuela y en tu alumnado. Requiere la capacidad de levantar la cabeza por encima de todas estas cosas para no perder de vista tu propósito, razón por la que decidiste dedicarte a lo que te dedicas.

3- ¿Eres docente en tiempos de pandemia?


Si tu respuesta es que NO, esto quiere decir que desarrollas tu vida profesional lejos de la tierra. Cuéntanos como son las escuelas en el planeta donde trabajas, y el alumnado? y las leyes de educación? y las personas que hacen las leyes de educación? Según lo que nos digas vendremos!


Si tu respuesta es que SI, sigues gestionando las mismas dificultades que siempre y las añadidas: mascarilla, gel hidroalcohólico, distancia social, grupos burbuja, materiales adaptados, grupos confinados, clases presenciales y virtuales al mismo tiempo, entradas y salidas escalonadas, PCR ...


Como eres un buen docente, te estás tomando muy en serio todo esto y una parte muy importante de tu atención se centra en la gestión de todas estas exigencias en detrimento del desempeño de tu propósito que, precisamente , es lo que dota de sentido tu trabajo, lo que te genera satisfacción y te recarga las pilas. Esta realidad nos lleva ineludiblemente a la siguiente pregunta


4- ¿Tienes agotamiento emocional?


Si tu respuesta es que NO, no es que desarrolles tu profesión lejos de la tierra sino que tú eres extraterrestre. Marciano? selenita quizás?


Otra explicación para tu no, podría ser que los planes de estudios que te llevaron a ser docente incluyeran como parte esencial de la formación tu desarrollo emocional y que las leyes de educación incluyera en el currículo el desarrollo emocional del alumnado. Sabemos que no es así, pero ¿qué ilusión verdad imaginarlo?


Si tu respuesta es que SI, tranquilo, eres una persona normal que para intentar cumplir su misión tiene que sortear numerosos retos y dificultades la mayoría de los cuales no tienen que ver con educar. Es posible que sin darte cuenta hayas aceptado tu agotamiento emocional como animal de compañía y por defecto hayas dado la responsabilidad de gestionarlo a tu circuito de la supervivencia.

El circuito de la supervivencia es la propuesta que la evolución nos ha regalado para hacer frente a las amenazas reales e inminentes como por ejemplo que un león se te quiera comer. Se encarga de ocasionar los cambios físicos y mentales necesarios para hacerles frente. Principalmente, se encarga de distribuir nuestra atención y energía y, por tanto, mientras dura la amenaza (10 meses de pandemia), deja desatendidos los procesos que tienen lugar a largo plazo: digestión, reproducción, crecimiento y sistema inmunológico. Chocante ¿verdad? En plena pandemia el sistema inmunológico desatendido.

Ahora mismo percibimos el presente como algo de lo que hay que huir. Al hacerlo lo convertimos en una amenaza y de este modo, la biología de la supervivencia y el estrés pasa a ser nuestra forma de vida. A la vez, sin saberlo nos alejamos de la Presencia necesaria desde donde estamos centrados y accedemos a los recursos personales que nos permiten responder de manera útil y creativa en todo lo que estamos viviendo.

Por tanto, de lo que se trata es de redescubrir este centro en cada uno de nosotros, desde donde poder vivir el presente sin rechazarlo y desde donde desplegar todos aquellos recursos que nos permiten tener experiencias profesionales sostenibles, satisfactorias y con sentido.

Si rechazamos el presente, a quien estamos pidiendo ayuda es en nuestro circuito de la supervivencia. En cambio, si la aceptamos a quien estamos pidiendo ayuda es nuestra Presencia abriendo inmediatamente la puerta al desarrollo de nuestros recursos personales. Aquellos recursos que nos mantienen centrados, útiles, creativos y luminosos.

Con este, empiezo una línea de posts que tienen por objetivo desplegar estos recursos que nos ayudan a no perder la presencia, a mantenernos centrados y centradas y disfrutar de nuestro trabajo "a pesar de todo".

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